Cuento del Hada y el Juglar

betatan Cuentos

Magdal era una joven que había sufrido bastante. Comenzaba una relación con un Klaud joven que la había rescatado de la tristeza que le provocó un gentil del cual era prometida. Él la daño mucho y lentamente por un largo periodo. Ella no podía arrancar por el compromiso que la ataba a estar con él. Solo esperaba tener la fuerza para huir, ya que solo veía para su futuro tristeza si seguía a su lado.

Klaud quien no era correspondido por su amor, vagaba por el pueblo cuando apareció Magdal en su camino y al tiempo de conocerse ambos comenzaron algo, temerosos por lo que habían vivido antes. Ella a los meses le había entregado su corazón a este gallardo joven que le prometía una vida llena de amor. Pero la familia de Magdal, prohibió esta relación por la humilde condición de Klaud. Ambos lucharon, pero ella entregaba más de lo que recibía, perdía más de lo que ganaba, y soñaba con más de lo que sería realidad.

Magdal huyó de su hogar para encontrarse con Klaud en el bosque, ambos comenzarían una vida lejos de aquel lugar. Tomó sus pertenencias y se alejó lo más rápido que pudo por que el bosque quedaba a 3 días de camino y no quería ser atrapada antes de llegar donde su enamorado.

 

Tomó un camino distinto un poco complicado pero más seguro, ya que a nadie se le ocurriría buscarla por la bajada de las espinas. A los 2 días de andar, cansada y sedienta, con sus vestiduras rasgadas por lo difícil del camino ya que los espinos creaban verdaderos laberintos para lograr salir. Vió algo que no podía creer, desde la quebrada divisó a Klaud, se encontraba abrazado y besando a la mujer que pretendía antes de conocerla, a esa misma que lo había rechazado una y otra vez.

 

No tubo fuerzas para gritar, sus lágrimas se trabaron en su garganta y no dejaron salir su voz, sus ojos se inundaron en un mar de lágrimas que parecía no tener fin, cayó al suelo y enterraba sus manos en la tierra buscando una explicación en su mente pero no la encontraba. Nada tenía sentido en su vida… lo dio y lo perdió todo. Ya no tenía familia y esos sueños que por años espero convertir en realidad, ahora se esfumaban… se arrancaban de sus dedos como la tierra que escurría de sus manos.

Sacó fuerzas de flaqueza y corrió lo más que pudo. Al anochecer llegó al bosque… a aquel bosque que iba a ser el comienzo de una nueva vida para ambos y que ahora se convertía en el lugar donde quería olvidarse para no ser jamás encontrada… donde se enterraría viva para desaparecer su pasado.

Ya no sentía temor, solo tristeza y un amargo llanto en su interior que no tubo escapatoria. El frió comenzó a congelar esas lágrimas quedando un témpano de hielo donde debía estar su corazón.

Su mirada ausente se perdía en el infinito, su voz se escondía para no salir, su mente se negaba a la realidad, su boca no quiso ingerir alimento por días… solo se quería olvidar de todo inclusive de ella.

En las noches el gran árbol donde ella se cobijaba para dormir, le creaba un manto de hojas para que no sintiese frío.

Mientras bebía agua del río el gran árbol le dijo:
– ¿Vas a dejar de llorar? Tus lágrimas saladas me disgustan.

Ella perpleja lo miró ¿se estaría volviendo loca? pero el repitió la pregunta.

– Hija, te pregunté si dejarás de llorar.

* No lo sé…
Dijo murmurando y mirando de reojo, mientras mojaba sus manos para lavar su cara y despertar si es que esto era un sueño.

– ¿Cómo no lo vas a saber si las lágrimas son tuyas? …

*Las lágrimas solo caen, escapan de mi, huyen de mi tristeza no las puedo retener.

– ¿por qué tanta tristeza? A las hijas de la naturaleza no las puede embargar la amargura por que su corazón no concibe tal aberración… Sus corazones puros solo buscan la unión con la naturaleza para ser parte de ella ¿quién eres entonces?

· No soy nadie

-¿Nadie?. .. ni una ninfa, ni una hada, ni un vestigio de luz que olvidó la aurora… ¿quién eres?

· Se lo dije no soy nadie y pronto seré nada, solo quiero dejar de existir.

– ¿pero a qué le llamas existir? A tener ese cuerpo… eso no es existencia, tú ya no existes, tus lágrimas saladas muestran un rio en tu interior, un mar que busca salir a raudales, tu corazón se ahogó… estas muerta hace mucho tiempo.

Ella se sentó mirando el árbol, sorprendida por sus palabras, tal vez consolada por saber que ya estaba muerta. Probablemente estaba en el cielo y por eso oía al árbol.

· ¿Estoy en el paraíso y tú me invitas a entrar? De qué otra forma puede justificar mi mente lo que no da claridad a la lógica en ninguna de sus formas, ser inerte que te vuelves parlante ¿o el delirio en mi agonía me juega una mala pasada?.

– Decidiste olvidarte… olvídate… ya no eres tuya serás del bosque,
abandónate a la naturaleza, vuélvete una con ella y la aurora te dará el más precioso regalo.
Tu pecho solitario, gélido de frió se transformará en una bella joya, el hielo se tornará cristal, hermoso pero delicado.

¿cómo puedo lograr lo que dices? Mi mente nublada aun me hace dudar de lo que estoy oyendo, más aun de lo que veo… si es un sueño puede ser una visión o el claro avance hacia mi locura.

– Solo abandónate, disfruta, vive, valora… y serás feliz.

Concurrieron los días, semanas, meses que parecían años, perdió la noción del tiempo y todo se fue dando lentamente como se lo sugirió el gran árbol.

Amaba caminar bajo la lluvia, sentir el agua, ver las hojas caer.
Tenderse en una mullida alfombra verde y mirar el cielo.
Disfrutaba las frutas que le regalaban los árboles y correteaba con los animales en carreras interminables.
El viento era lo que más amaba, le conversaba y cerraba los ojos, parecía que la envolvía, que la abrazaba. Se llenaba del el, respiraba hondo una y otra vez, giraba de felicidad a lo igual que una pequeña niña.

Todo vestigio de su pasado se había esfumado. El gran árbol la llamó Krístal ya que su corazón había abandonado la frialdad del hielo para convertirse en el más fino y delicado cristal.

 


Mientras estaba sentada esperando el amanecer, una voz dulce la habló:

– ¿quiéres ser mi hija?

· ¿quién habla? ¿se dirige a mi?

– El gran árbol me contó de ti y te he observado desde que llegaste,
Vuélvete parte mia y vive para siempre conmigo protegiendo este lugar.

· Eres la Aurora, sería un honor ser su hija

2 rayos de luz penetraron en sus oídos y sintió un leve hormigueo, tocó sus orejas y estas eran distintas, más largas y puntiagudas.

· El cambio es lento, puede demorar mucho pero pronto serás inmortal, un ser de energía, el alma del bosque… un hada.

Fue su última palabra, su voz se esfumaba según aclaraba el día.

Regocijada por este grandioso obsequió corrió donde el gran árbol y le contó lo sucedido.

Pasaron los días y en el viento llego una prenda… una capa de una fina tela, bordada con minucioso cuidado y con unas siglas grabadas.

La curiosidad fue mayor a ella, la siguió hasta que la brisa la dejó caer.

Hace tanto tiempo que no veía algo así. Se la puso y bailó, se envolvió en ella y se dejó caer. Su aroma era especial, no sabía distinguirlo pero la remecía.
Al terminar el día la puso bajo el gran árbol y se recostó sobre ella.

En la mañana siguiente el galope solitario de un caballo la despertó. Corrió a esconderse tras el árbol pero había olvidado su nuevo tesoro. Con una rama lo escondió en una grieta del tronco.

El sonido se fue alejando y el miedo olvidando.

El transcurso del día fue igual que siempre, pero de pronto a lo lejos divisó al caballo cerca de su árbol y a un hombre hurgueteando en el tronco y sacando su tesoro.

Corrió y gritó:

· Eso no te pertenece, es mio

El juglar giró en segundos y quedo estupefacto al verla, no musito palabra alguna. Ella continuó y arrebató la capa de sus manos.

– Perdone mi imprudencia bella dama, pero la prenda que sostiene me pertenece, la extravié hace unos días y la he buscado por el gran valor que tiene para mi.

· Ya no lo es, ahora es mia.

Y diciendo esto, se puso la capa y se fue.
A la distancia él le gritó

– ¿Qué habría de hacer este humilde juglar para que tan bella dama le dignase con su presencia?

 


 

A estas palabras ella se giró, lo miró y solo dijo adiós. Siguió caminando. Hacía tanto tiempo que no conocía a nadie, que tal vez su corazón le podía jugar una mala pasada. Ella prefería que siguiera ahí, como cristal, impenetrable donde nadie pudiera entrar.

– Pero, encantadora dama ¿Por qué esa triste mirada?
La dama agacho la cabeza y 1 lágrima con forma de pétalo rodó solitaria por su pálida mejilla y dijo mirando las hojas en el suelo.
ellas a pesar de estar dispersas, son muchas. Aunque se sequen y vuelvan a la tierra seguirán unidas y renacerán juntas, en cambio yo… y sollozó tan lastimeramente que un nudo aprisionó la garganta de aquel joven.

Cuando alzó la vista no la vio, en segundos las buscó y corrió hacia ella
– ¿tu que? Por favor dígame
yo soy una dama con un corazón de cristal que teme ser dañado,
Ya se encuentra trizado y no se quiere quebrar

-¿de cristal? Preguntó,
* Si, y su interior es de hielo… frío, gélido, incapaz de sentir

– ¿Me podría decir su nombre por favor?
Krístal… y se fue.

Aquel juglar quedo cautivo por esa extraña dama y comenzó a acudir todos los días al gran árbol por si la volvía a ver. Cuando ella lo sentía corría sigilosamente a esconderse y el entonaba un cántico que escuchó a unos juglares que se hacían llamar Mago de la lejana tierra de Oz, con su laúd cantaba:

“… de olvido vive y de olvido muere
Como planta en jardín olvidado
Sabiendo que nadie la quiere
Sabiendo que nadie la ha amado

Apuestos galanes la cortejan
Pero aquellos que la han conseguido
Con el paso del tiempo la dejan
Y ella llorando escoge el olvido…”

Krístal le pidió a la aurora que por favor le diera un tiempo más antes de volverse completamente un ser elemental. Quería saber si él iba a ser tan especial como ella lo presentía y si se volvía energía para el bosque no lo podría abrazar ni besar.

La aurora dio su consentimiento pero con un tiempo limitado, “la luz no detiene su camino, solo la puedo desviar un tiempo, pero deberá continuar el camino hacia tus alas”.

 


Ella comenzó a observarlo, a compartir con el y una pequeña chispa comenzó a destellar en su aletargado corazón. Comenzó a sentir un leve ardor, puso su mano en su pecho y se sentía tibio. Guardo silencio y se dio cuenta que al verlo aproximarse su pecho se levantaba y se podían oír los latidos, había dejado de tener un corazón de cristal. El amor era un sentimiento ya olvidado por que siempre era seguido de una dolorosa tristeza ¿acaso no puede existir la felicidad? ¿Siempre tiene que haber llanto después de la alegría?.

Cuando se dio cuenta que se estaba enamorando se alejo de él y comenzó a esconderse. No quería amar o mejor dicho, tenía temor de volver a sufrir.

Por varios días no la pudo hallar y temió no volverla a ver, pero fue insistente y seguía ahí, esperándola… con hojas, piedras o con una rama en el suelo, le dejaba mensajes “te seguiré esperando” “confiad en mi” “no te abandonaré”… ella los veía pero era mayor su temor al desamor.

Creía en seres mágicos, hablaba con la aurora y un árbol, podía pensar en conocer infinidad de seres que jamás en su vida hubiese imaginado, pero no en conocer el amor, no era algo que estuviese a su alcance, eso si que era irreal, fantasía.

Pero Poco a poco y sin darse cuenta la comenzó a cautivar de lo testarudo que era el hombre ¿Por qué ese afán en acercarse a ella?

El juglar esperaba volverla a ver, pero inconcientemente esperaba que ella apareciera en vez ir a buscarla… ella esperaba que la buscaran, que la encontraran y sacaran de su amarga soledad. Que alguien le demostrara que no todos eran iguales y que los príncipes si existían.

 

 

Un día cansada de caminar como alma en pena, se acostó cerca del río y se durmió. Al despertar estaba rodeada de rosas blancas y diversas flores de igual color
¿Qué paso?… se preguntaba mientras sus ojos brillaban de alegría.
Tal vez fue un nomo travieso que no conocía. Pero detrás de un árbol asomó el juglar, entonando la canción con su laúd. Ella se quedo sentada, mirando y oyendo.

El la seguía a distancia y le dijo:
¿Qué te sucede? ¿No confías en mí?
Ella se dio vuelta y lo miro a los ojos, NO CONFÍO EN NADIE
¿Qué sucedió? ¿Te dañaron?
Krístal miró el suelo y caían sus lágrimas pero no decía palabra alguna
– perdón por la pregunta, musito mientras la dama decía
* El amor no existe
El quedo helado ¿Qué podía decir? las lagrimas eran por su causa, tal vez removió sentimientos que ella quería olvidar y el con su impertinencia las había traído de vuelta.

Al cabo de un momento de las jugarretas y bromas del juglar, no se dio cuenta cuando comenzó a sonreír, era un loco. El prefirió no ahondar en su pasado, no quiso meter su dedo en la herida, solo sabia que existía y el la debía curar.

Los días pasaron, las risas, los abrazos y las jugarretas se hacían mas frecuentes.
Las flores aparecían de su mano desde los árboles. El nunca se cansaba de sorprenderla.
¿Como era posible? Por años se había negado a sentir, solo se había entregado a la naturaleza y al los animales. Sabiendo que la soledad sería su única compañera, pero comenzaba a nacer un sentimiento que temerosa sabía que estaba ahí, aumentando poco a poco.

El corazón de la dama tal vez comenzaría a dar y recibir el amor que tanto esperaba
¿Pero podría ser todo tan bello?¿Podría después de tanto sufrimiento ser feliz?

 

Un día que el joven juglar llego antes de que apareciera Krístal, comenzó a hablar solo ignorando que el gran árbol lo podía escuchar todo lo que dijera.

– ¿donde estará mi bella dama que aun no se aproxima? – Y exclamó
Hemos dormido bajo las estrellas, contado nuestras alegrías y tristezas, nuestros sueños y temores, compartido el trinar de las aves y los paseos por los bellos parajes del bosque, por primera vez me siento tan regocijado de felicidad. Conocí el deleite sin probar el néctar de sus labios,
¿Por qué no habría querer extasiarme con el bendito sabor de un sutil beso?

A la distancia la vio y guardo silencio. Se ruborizo como si ella lo hubiese escuchado.


Pero no sabia la tristeza que los embargaría a ambos.

Pasaron una hermosa tarde, tan bellísima como lo venían disfrutando los últimos días, pero al día siguiente no volvió.

Ella no entendía lo que sucedía, ¿qué habría hecho mal?. Tal vez este joven había encontrado otro mujer y se había ido con ella, tal como se lo habían hecho anteriormente. No era posible que la vida le entregara así de fácil tal felicidad, por lo menos no a ella.

Escucho un galope solitario que se aproximaba a lo lejos, corrió a su encuentro pensando que era el juglar que la venia a visitar y así poder despejar cualquier duda de
Soledad o traición que pudiese venir de su parte. Pero no, era solo su caballo. Algo había pasado, lo acariciaba y le hablaba desesperada preguntándole que le sucedío a su caballero.

De la montura colgaba una orden real, la cual decía que todos los varones debían presentarse de inmediato en el castillo, la guerra era inminente y arriesgaba pena de muerte quien no se enlistase en las filas.

Rompió en llanto, tal vez nunca más lo volvería a ver. Era muy probable que no volviese con vida de las cruzadas.

Estaba muy triste por su partida, la espera se hacía agónica e interminable.
El viento golpeaba los arbustos y ella volteaba sonriente por si era el que venia a buscarla, pero al darse cuenta que no era así mas lo añoraba. Se batía entre la incertidumbre de lo que sucedería con él y si se justificaba o no su preocupación ya que no sabía los sentimientos que tenía hacia ella.

Lo que no sabía es que él se había cautivado tanto desde el momento que la conoció, que como una cruel trampa del destino no sabían lo que sentía el uno por el otro.

La tristeza y soledad de corazón, solo daban paso a la peor alternativa… el desamor.

Comenzó a llorar de desconsuelo sin saber lo que sucedía, si sería un amor correspondido o no… y de ser así ¿lo volvería a ver?.

El gran árbol la miró con ojos compasivos y le contó lo que le oyó decir el día anterior a que dejase de asistir a su diario encuentro. En ese momento algo ardió en su pecho, sí… lo acababa de asumir, era amor.

Pero… ¿Qué podría hacer ahora?.


Aquella joven le había hecho sentir al juglar lo que nadie aun había podido pero tenía tanto miedo de entregarse a ese impenetrable corazón. La extrañaba y no podía comprender por que la necesitaba tanto, era algo mágico y anhelaba volver al bosque donde la vio por primera vez. Pero no podía. Se alistaba para la lucha y la duda no lo dejaba ver más allá.

Vagaba por los rincones de aquel enorme y solitario castillo donde muchos habían sido convocados. Los suspiros de aquel noble juglar se perdían en la inmensidad de las altas y frías murallas.
Krístal acudió presurosa donde un dragoncillo, que si bien era muy pequeño, destacaba de los demás por su astucia. Ella era gran compañera de diversos juegos y ahora acudía donde el a pedirle ayuda.

Por favor, busca a mi juglar y dime como esta, quiero saber como y donde se encuentra. Quiero correr a sus brazos, deseo estar cerca de el, por fin encontré el amor y no lo quiero perder.

Drogan, fue de inmediato en raudo vuelo a buscarlo. Al cabo de unas horas lo hayo.
Se encontraba caminando… ido y lo escucho hablarle a la luna, esperando vagamente alguna respuesta de su parte…

 
 

Le decía todo lo que sentía… se le veía triste y hablaba solitariamente.

– ¿se acordará de mi?, ¿entro en sus sentimientos o al menos en sus pensamientos?
Oh amiga luna, ¿será mi acertijo o mi respuesta?, ¿un lapso de tiempo o todo mi futuro?
¿mi ilusión o mi amor?, ¿mi mentira o mi verdad?, ¿solo un sueño o mi realidad?
¿solo habitará en mi mente o yo también en la suya?
¿estaré en su corazón como ella esta en el mio?

Quisiera saber la respuesta, para seguir soñando o despertar de este dulce y cruel sueño.
En eso, drogan entró y comenzó a revolotear en círculo sobre el. Después de quedar perplejo por un momento con este inusual encuentro, reaccionó… Debía ser un enviado de su dama, ya que no encontraba otra respuesta para que tan bello ser lo buscara.

– Dragón – dijo dirigiéndose a el.
– Vuela hacia Krístal y dile que esta misma noche, cuando todos duerman, huiré sigilosamente. Dile que volveré y me quedaré con aquel amor y estaremos juntos por toda la eternidad. Si ella te ha mandado a mi, es por que desea verme tanto como yo. Porfavor vuela raudo y dile que me espere a la entrada del bosque al amanecer. Y ahí veremos que hemos de hacer para ser felices.

Drogan voló lo más rápido que pudo, tenía que llegar con esa importante donde su amiga. Krístal esperaba ansiosa y no podía más con la incertidumbre que la aprisionaba. ¿Estaría muerto?, ¿qué más podía suceder en su vida?. Miraba al cielo y suspiraba, pensando si lo volvería a ver. Deseaba sus alas para poder volar a sus brazos, mirarlo a los ojos y estrecharlo en un fuerte abrazo, robando quizás un beso con sus inmaculados labios. Cada segundo se hacía eterno en su ausencia y aquel latido presuroso se hacía cada vez más fuerte en su corazón, el cual trataba de arrancar de su pecho para salir a su encuentro. Sus pensamientos solo se dirigían a él y en sus

sueños a veces tan reales imaginaba su encuentro, y una gran felicidad consoladora llenaba su pequeño corazón. Se encontraba más distraída que de costumbre, inusualmente feliz pero triste a la vez, sin saber cual era el motivo de aquel sentimiento tan extraño.

En ese momento, Drogan llegó y le comunicó todo lo sucedido y el mensaje que le había dado aquel juglar. No podía más de regocijo pero al mismo tiempo sintió temor, si lo pillaban el desenlace sería fatal.

Sabia que algún día estaría junto a él y le rogaba a la luna, férrea y lejana consejera de ambos, que iluminará su camino para apresurar su llegada y que pidiera al padre tiempo detenerse en ese momento, para que fuese eterno.

“Oh noche majestuosa que en tu manto ocultas mis lágrimas de tristeza por su ausencia y las sonrisas de alegría por su recuerdo, os pido humildemente aceleréis tu camino para dar paso a la aurora, madre mía y colaboradora de mi amor, para que mi amado no se pierda en vuestro manto y llegue pronto a mis brazos, que no tocaran nada hasta su llegada” rogaba la dama. Pero la noche implacable, hacia caso omiso de sus súplicas y se mantenía intransigente. Y en ocasiones parecía alargar más aun su estadía, por se hacia eterna la espera de su llegada.

Krístal, ya no soportaba la soledad, no quería estar mas sola por que sabía que existía alguien que robaba sus sueños y era de carne y hueso, no una simple ilusión.

Apenas y aclaraba el día cuando se fue a la entrada del bosque a aguardar a su amado juglar, miraba hacia todos lados esperando divisarlo y salir a su encuentro. Pasaba el tiempo tal vez minutos o tal vez horas… lo que fuese para ella se hacía eterno.

De pronto lo diviso, se aproximaba velozmente en su caballo. ¡Que emoción! Por fin la alegría se acercaba, pero…

 
También divisó que a una distancia considerable lo seguían otros jinetes a caballo. No podía ser, lo perseguían para darle muerte por abandonar las filas del rey. Comenzó a correr lo más rápido que pudo, tenía que salvarlo como fuera. El sol se levantaba, la aurora presenciaba todo lo que acontecía.

Le lanzaban flechas y una le había dado con certeza, con lo que se precipitó del caballo. Sus perseguidores al pensarlo muerto se devolvían seguramente al castillo.

El yacía tendido en el suelo, al parecer muerto… corrió tan rápido que parecía que volaba. Pero era así, verdaderamente volaba, tal vez con la desesperación habían terminado de crece sus alas o tal vez fue el amor. Llegó a él lo tomó entre sus brazos y lo apretó hacía su pecho y comenzó a llorar. En ese entonces comenzó a abrir los ojos y se incorporó lentamente parándose.

Por fin el amor había vencido.

Con las manos se tomaba la cabeza y la miraba atónito. Krístal no entendía el por que de su actitud, ¿habría sido muy fuerte el golpe? o tal vez era por sus alas. Se abalanzó sobre él para poderlo abrazar y besar, pero sus brazos lo traspasaron. De pronto se dio cuenta… con las alas la transformación había finalizado, ya era un hada, un ser de energía. No lo podía tocar.

Él que aun no entendía lo que sucedía la miraba perplejo, pero ya no había nada que hacer. Se lo habían advertido, la luz no detiene su camino.

Mientras aclaraba el día ella se desvanecía igual que su voz, pero le alcanzó a decir “hazte uno con la naturaleza” mientra su cuerpo y voz se esfumaban. Él la miraba y las lágrimas recorrían su rostro. No podía ser así, su bella dama ya era un hada. Tal vez nunca más la volvería a ver y su corazón volvería a estar solo.

Nunca más fue el mismo, se sentaba horas enteras a mirar el bosque o cobijarse bajo el gran árbol que había sido su lugar de encuentro y albergue de tan bellos momentos. Esperaba que ella viniera y atravesara una de esas arboledas para estar con el y poder ser felices… pero no fue así.

Seguía esperando y ella desde la inmensidad de la nada, de la naturaleza que tanto amaba, lo miraba con tristeza. En las noches entonaba un lastímero canto. Decía…

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A él le parecía oírla a través de los susurros del viento. Hacía memoria y recordaba las palabras de su dama y se preguntaba una y mil veces que le habría querido decir antes de terminar de esfumarse. Pero no lo podía comprender.

Tal vez algún día el entienda lo que Krístal le quiso decir… se entregue de corazón a la aurora y pueda transformarse en un ser elemental. Para que con una rosa blanca llegue a ella y le declare su amor y asi vivir por siempre unidos, jugueteando sobre el agua, enviándose canciones con el viento, abrazándose y siendo felices.

Ya no dependía de ella, sino de él. Cuando ambos conocieron el verdadero amor, no pudieron ser felices.

Fin

* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *

Por:

“pero que podeis decir vosotros de las hadas, imaginaos pues su valor inexistente, su alegría y su enojo ¿comprendeis algo mas que lo que se os presenta a los ojos? ¿podeis concebir algo que existe en su inexistencia y que prevalece en la adversidad dandose vida en lo solitario de su mundo que es real e irreal a la vez?…

Adentraos pues, sumergiros en su tierra y volved a sentir en el aire que golpea vuestro rostro y el agua que moja vuestro cuerpo la presencia de un alma que dibaga en la naturaleza y que al no verse se encuentra ahi…

Yiya Ortega

 

Pd.: Si os gustó mi relato, solo os pido dejéis en la bitácora de este humilde espacio la huella fehaciente de vuestra persona, para que me honréis con el solo hecho de saber que habéis pasado por aquí y leído este humilde texto. Solo llenaríais mi corazón de júbilo e incitarías a mi mano siguiera escribiendo ya que vuestros mensajes me revelaran las personas que siguieron el relato que os e contado.
“Os agradezco y regalo un pedazo de este cristal roto que era mi corazón”. Krístal

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