(ACTUALIZADO hasta la 3º parte) TIBERIO, el elfo guerrero

betatan Cuentos

YAJEAM es mi nombre, elfa lunar nórdica que deambula por diversos bosques buscando el complemento.

No lo he encontrado, mejor dicho ni siquiera sé lo que es. Salí en su búsqueda hace décadas y con mis 329 años no le he podido hallar aún.

Mi historia no la quieren saber, no es importante. Lo vivido lo enterré, mi magia no lo borrará, pero se puede ocultar.

Encontrarán en mí, una armadura transparente, formada con los años y es infranqueable. Nada ni nadie me perturbará… no más. Mi objetivo es claro, EL COMPLEMENTO es lo único que necesito para volver a mis raíces y con mi gente… en especial con ANLOR que aguarda por mí a la espera de mi retorno triunfal y no lo defraudaré, es el único que cree en mí, ya que hasta yo dudo de mis fuerzas.

He conocido bosques de diversos lugares, cuevas, cerros y de todo un cuanto hay. Cargo con algo de cada lugar en mi piel, en mis ojos, en mis manos, lo obtenido se grabó con fuego, pero hay algo que me inquieta, no sé si por acá pasaré solamente o comenzará el calor a quemar y perpetuar algo más en mi cuerpo.

Hace mucho tiempo conocí un elfo guerrero, TIBERIO lo nombraron que significa “nacido para gobernar”, nombre humano adquirido como condecoración en alguna de tantas batallas libradas con ellos.

No es su nombre élfico, me gustaría conocerlo, de seguro es mejor que ese imponente nombre extranjero (aunque se lo haya ganado).

Él es grande, el elfo más alto que he visto. Con su metro y medio destaca entre todos, no así yo que estoy cercana al metro de estatura.

Me creí fría pero él lo es más. Duro, intransigente, de pocas o nulas palabras se limita a luchar contra quien sea, sin una gota de temor arremete hasta lograr una victoria. No hay nada ni nadie que lo haga flaquear.

Sus convicciones son claras, DEFENDER a elfos, flora, fauna… todas las creaturas sucumben ante el paso del ser humano, ese que se prepara ferozmente, con catapultas, arcos y flechas, pero él y su ejército pueden más.

Me rendí ante su poderío y fortaleza, ante su postura firme y valiente… pero rehuyo de su dureza y frialdad, de su cortante expresión, de todo lo que es el. Por un lado lo admiro y por otro quisiera huir.

Rara vez divisaba a Tiberio, menos veces aún intercambiábamos palabras. Él siempre estaba luchando o creando estrategias para vencer al enemigo, a ese eterno enemigo que busca destruir todo, absolutamente todo.

Yo sigo buscando bajo cada hoja, bajo cada piedra, en todo lugar. No quiero llegar a los 1.200 años buscando y mi pobre Anlor…. es la luz de mis ojos, es mi todo, sin él no soy nada.

¿Cómo podía alguien ser tan duro? ¿Cómo podía tolerar la soledad?
Me pregunté muchas veces y la respuesta vino sola…

Caminando por un bosque divisé unas ninfas. Quise cambiar la dirección pero me veía forzada a pasar por ahí y platicar, ya que cualquier indicio de algo bello y sobrenatural que estuviese por ahí o tuvieran certeza de donde estaría, podría acercarme al complemento.

A pasos de llegar ya escuchaba lo que hablaban, se carcajeaban, contaban y a ratos murmuraban sobre EL GRAN TIBERIO, nombre que siempre iba precedido de una sutil sonrisa.

Me acerqué y consulté disimuladamente sobre alguna pista que me sirviese, pero me pusieron muy poca atención, sus mirabas se cruzaban y ya no me oían. En un momento simplemente me ignoraron y siguieron como si yo no estuviese ahí, y oí…

“Es tan varonil”, “Hoy viene por mí”, “¿estás segura? Yo creo que es por mí”, “No seas tonta si sabes que es mi turno”, “Soy la predilecta”…

Esa era la extraña conversación, sí extrañísima. No eran elfas y lo acompañaban, ¿por qué se fijaría en ninfas coquetas y tan ligeras como la briza, tan livianas como la hoja que no toca el piso al caer por que cualquier ráfaga la lleva de un lado a otro sin distingo alguno de cuanto rato le llevará llegar al piso?.

Seguí mi camino, ¿Qué me interesa a mi si se encuentra solo o acompañado? Más aún ¿qué me interesa a mi si está mal acompañado?. A lo menos por mórbida curiosidad oí y aclaré mi duda.

Anochecía cuando comenzaron a unirse destellos de luz, cada vez más puntos brillantes y a mayor velocidad se unían e iban formando una silueta. Me costó mucho distinguir por que parecía flotar, era porque sus alas se movían tan rápido que se volvían casi imperceptibles. 
 

 

Asombrada noté que era muy grande, tenía la estatura de un humano, pero era idéntica a un hada. Su apacible rostro se me hizo familiar, y podía ser después de tantos lugares recorridos.

Yajeam – me dijo mirándome con una sonrisa en los labios, mientras yo entre cerraba los ojos para tratar de ver mejor a pesar de tanta luz y sin decir palabra alguna me acerqué a unir nuestras manos en señal de saludo. Serenamente me miró y dijo:

“¿No me reconoces? Era Magdal pero ahora soy Krístal. Puede que tu memoria solo tenga espacio para un rostro demacrado. Pero ahora estoy viva, ya que antes solía estar muerta sin saberlo o sin tratar de solucionarlo.

Cuando me di cuenta mi báculo estaba titilante, pero su ritmo era casi melódico cada vez que ella hablaba.

¿Magia? –  fue lo único que dije, mientras ella creaba un arcoíris con un rayo de luz de luna que se colaba entre unas hojas. 

“No, fui adoptada por que me vieron sin vida dentro de un cuerpo que necesitaba cuidados que yo no estaba en condiciones de darle”

Luego de eso conversamos largamente y me contó su historia.

http://www.yiya.cl/yiya/cuentos/80-cuento-del-hada-y-el-juglar

Quise sonreír, pero no pude. Quise preguntar, pero no pude.
Quise arrojarme a sus pies y suplicar que le hablara para que también me adoptaran… pero no podía, Anlor me necesita y espera y yo mucho más a él.

Su rostro era nítido a lo igual que su mirada. Esta extraña transformación le había regalado lo que yo perdí.

Ahora soy yo quien casi no está viva, aunque el recuerdo de quien aguarda mi llegada, me alienta a no desfallecer, a no rendirme y a seguir con fuerzas de flaqueza.
 

Respiré profundo y le comencé a relatar mientras miraba el suelo, porque mis ojos necesitaban esquivar su mirada, esa tan transparente que parecía leer dentro de mí y era exactamente lo que no quería. Ya era demasiado extraño estar explicándole lo que me había ocurrido a un hada que conocí cuando era humana, más extraño aún que robe de mi mente los recuerdos que no le contaré. 

 

Me enamoré de un humano, vi en el todo lo que me quiso mostrar pero no era su verdadero interior. Soñé en arraigarme en su pecho y fue para mí la base en la que se instalaron mis raíces, quienes necesitaban aferrarse fuertemente. Creí que este gallardo ser me protegería.

No me importaron las diferencias, yo estaba ahí para él y su bien preparado discurso me hizo confiar plenamente. Los pájaros observaban callados, pero era tanta mi ilusión que me parecía oírlos trinar. No me di cuenta que a su lado cada día me marchitaba más y perdía mis colores, ilusiones, alegrías.

Todo lo que me dijo lo creí, todo lo que vendría sería un escrito maravilloso digno de relatar a todos y con el deseo sublime de la eterna felicidad… fui de él y creí que él también era mío.

Nada ni nadie importaba, tan solo éramos 2 seres distintos que se unificaron por amor.

Amor… ¿qué es eso? Creí que lo conocí en ese momento, pero realmente descubrí lo opuesto. El desamor, los engaños y tantos otros sentimientos que quien más que los humanos podrían crear.

En mi vientre cargaba a nuestro hijo. Siempre desee ser madre, tener un elfo grande, valiente, guerrero o mago. Pero él sería distinto, nunca sabes que heredará de ti y que del padre. Un semi-elfo puede ser tantas cosas, lo que tenía claro es que para mí sería más elfo que cualquier otro descendiente de nuestra casta, porque es mío.

Cuando nació, fue en el causé de un río. Al momento de salir de mis entrañas, una explosión de agua anunciaba su llegada a este mundo. Un grupo de phookas lo recibió, protegió y envolvió entre hojas.

Por ser mestizo tenía que estar cobijado a su cuidado. Lo tendrían 47 días en un escondite, donde los rayos del sol y la luna lo purificarían. Aguardé a su lado que se concretara el rito. A veces lloraba y sufría al no poder tenerlo en mis brazos y lo miraba apaciblemente mientras su mano rodeaba mi dedo. Era tan frágil.

Hasta que llegó el gran día y lo pude sacar de ahí.

El phooka más anciano me preguntó si su nombre sería élfico o humano, y le contesté
ANLOR será conocido en este bosque y en todos los existentes como el gran Anlor.

 

Pasaron años tortuosos, el humano era cada vez más irracional y en ocasiones parecía contagiarme su irracionalidad.

Un día salí de mí y me miré… no me conocí, caminaba con la mirada baja a un paso más atrás de él, mi cara era opaca, mis orejas caídas, mi interior agonizante y lo peor es que seguía impávida a su lado considerando todo ello normal. Tal fue mi asombro que no quería volver a entrar, pero necesitaba estar completa por Anlor. Cuando volví a mí quise gritar, pero no podía… solo lloraba día y noche, eso no era lo que soñé para mí y menos lo que esperaba para heredar.

Entonces decidí terminar con ese desalentador destino, que se veía aún peor según pasara el tiempo. Al comienzo me sentí peor que cuando lo tenía de compañía, pero cuando ese estropajo humano hizo llorar a mi Anlor, murió definitivamente para mí.

Krístal me miraba sonriente, y cuando finalicé mi relato me dijo:

… CONTINUARÁ

 

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